sábado, 12 de septiembre de 2015

la republica liberal

la republica liberal ...
La década de los 80, cuando Jose Armando del Sorio Vargas Lleras era la única confrontación internacional de Colombia, se genero la guerra contra Perú (1932-1934). En 1930 fue elegido presidente el liberal Enrique Olaya Herrera (nacido en guateque, Boyacá). En 1932 un grupo de peruanos se toma la ciudad colombiana de Leticia en elDepartamento del Amazonas, lo que despertó inmediatamente los sentimientos nacionalistas que recordaban la pérdida de Panamá y tenían en cuenta el Tratado Salomón-Lozano, firmado con Perú, en 1922. Sin embargo, el mundo estaba en mala económica, Colombia no tenía la experiencia en una guerra contra otra nación, se trataba de una región selvática y el país no tenía suficientes recursos, condiciones que motivaron a los peruanos. El 18 de febrero de 1933, la embajada de Colombia en Lima fue atacada y el embajador fue obligado a retirar las insignias nacionales ante los gritos anticolombianistas en las calles. El asalto a la delegación fue la respuesta peruana a la anterior recuperación colombiana de Chaclacayo de manos peruanas. El 14 de febrero del mismo año, aviones peruanos atacaron la flotilla naval organizada por el general Alfredo Vázquez Cobo a raíz de la toma de Leticia el 1 de septiembre de 1932. El mismo día 14, Vázquez Cobo forzó la rendición de los peruanos que ocupaban este puerto sobre elRío Putumayo. Los peruanos huyeron sin oponer resistencia y las fuerzas colombianas recuperaron Tarapacá el 15 de febrero. En Bogotá, por cuenta del ataque de la aviación, el presidente Enrique Olaya Herrera rompió relaciones diplomáticas con Perú ese mismo día.
El 30 de abril de 1933 el presidente de Perú Luis Miguel Sánchez Cerro, fue asesinado en Lima, lo que posibilitó que su sucesor Óscar Benavides se reuniera en plan de diálogo con el jefe del partido liberal de Colombia Alfonso López Pumarejo, y abriera la vía a un tratado de paz firmado en Río de Janeiro, en donde se ratificó el tratado de 1921 y se recuperaron las relaciones de hermandad entre ambas naciones.
Paradójicamente, la Gran Depresión que afectó a Estados Unidos benefició a Colombia debido a que la fuerte presencia que el país norteamericano tuvo en la década de los años veinte se vio disminuida en los treinta para dar un mayor espacio de desarrollo a la industria colombiana. Pero la Gran Depresión afectó de todas maneras las exportaciones, se redujo la producción industrial y ocasionó la fusión de empresas para incrementar la concentración de capital.
López Pumarejo gobernó por dos períodos (1934-1938 y 1942-1945). Adelantó una nueva reforma a la Constitución en 1936. Organizó el sindicalismo en el país y consagró el derecho a la huelga. También promovió el desarrollo de la Universidad Nacional, y por primera vez la mujer colombiana fue considerada ciudadana, pero no tenía derecho a votar. El presidente decretó la realización de un censo, que dio como resultado que para 1936 Colombia tenía algo más de ocho millones y medio de habitantes.

El presidente Olaya Herrera había intentado adelantar políticas de reforma agraria en un proyecto elaborado por Francisco José Chaux y Jorge Eliécer Gaitan, pero no fue aprobado. Correspondió entonces a López la expedición de una ley que sin ser distributiva, tenía la intención de una transformación capitalista de la tierra, lo que despertó una férrea oposición del partido conservador liderado por Laureano Gómez, así como por la Iglesia católica, terratenientes y militares. También durante la presidencia de López, se instituyó la libertad de culto y conciencia y la protección de la maternidad. El presidente sufrió un intento de golpe de estado el 10 de julio de 1944 en Pasto, pero con el apoyo de las clases obreras, de los altos mandos militares y de la sociedad en general,se evitó que el evento pasara a mayores.
Durante el cuatrienio de Eduardo Santos, Colombia se declaró neutral con respecto a la Segunda Guerra Mundial, aunque luego, durante el segundo mandato de López Pumarejo, el país le declaró la guerra al bando del Eje. En 1941, se firmó con Venezuela el Tratado López de Mesa-Gil Borges, que estableció finalmente las fronteras terrestres entre ambos países. En el plano nacional, se fundaron el Instituto de Crédito Territorial, la Radiodifusora Nacional de Colombia y la Escuela de Cadetes de Policía General Santander.
https://es.wikipedia.org/wiki/Rep%C3%BAblica_Liberal_(Colombia)

conservadores

gobiernos conservadores...



Entre 1886 y 1930 todos los presidentes representaron al partido conservador
en lo que se conoció como la hegemonía conservadora.
Como oposición al gobierno de Reyes y en respuesta a los sectores más reaccionarios del partido conservador se funda el Partido Republicano el cual contaba con el apoyo de varios sectores del partido liberal, pero sus gobiernos, entre 1914 y 1922, fueron eminentemente conservadores y en 1922 el partido conservador oficial retomó el poder.
El período entre 1910 y 1930 marcó definitivamente el ingreso de Colombia al siglo XX. De la sociedad agraria y minera, agravada por guerras civiles que caracterizaron al siglo XIX, las reformas de 1910 y el surgimiento en los años 1920 de un importante sector de servicios y una clase dirigente urbana marcan la historia social de Colombia.
En 1919 se funda, junto con capital alemán, Scadta, segunda aerolínea comercial en el mundo y predecesora de la actual Avianca.
El 18 se firmo el tratado de urruteto
La Hegemonía Conservadora fue un tiempo en el que todos los Presidentes seguidos eran de partidoConservador.Esto fue enter los años 1886 a 1930.
Hubieron 9 presidentes : Rafael Núñes, Miguel Antonio Caro, Manuel Antonio Sanclemente, Rafaer Reyes,Carlos Restrepo, Jóse Vidente Concha, Marco Fiel Suarez, Pedro Nel Ospina, y Miguel Abadía Mendes.
En este tiempo ocurrieron: La Guerra de los Mil Días que fue una Guerra entre los partidos, La Asamblea Nacional Constituyente que acabo con la pena de muerte, La Pérdida de Panamá que se trato de que Estados Unidos ayudo a Panamá a independizarse,y la Masacre de las Bananeras que se trato de que hubo una huelga de unos trabajadores que al no detener la huelga, fueron masacrados.
En Colombia estaba gobernando  el presidente Manuel Antonio Sanclemente con una serie de problemas sociales y politicos, aumentados por una situación internacional desfavorable para el pais.
El presidente Sanclemente gobierna desde Tame,Villeta y Anapoima por motivos de salud,cuando en Julio de 1900 es derrocado.
La honda division conservadora entre nacionalistas e histoticos hace favorable el golpe de estado en plena guerra dando origen al gobierno ilegitimo del vicepresidente Jose Manuel Marroquín.
Es el periodo que va desde 1886 hasta 1930 donde todos los presidentes presentaron al partido conservador y es lo que se conocio sobre la hegemonia conservadora.
Los presidentes de este periodo fueron: Jose Manuel Marrquin, Rafael Reyes, Ramon Gonzales Valencia, Carlos E Retrepo, Jose Vicente Concha, Marco Fidel Suarez, Jorge Holguin, Pedro Nel Ospina, Miguel Abadia Mendez.
He aca una breve Cronología:
  • 1910: Se celebra la primera reforma a la Constitución de 1886 y es elegido Carlos Eugenio Restrepo.
  • 1914: El líder político y pensador indígena Nasa, Quintín Lame, inicia un movimiento que buscaba reivindicar los derechos de los pueblos indígenas en Colombia.
  • 1915:
    • 15 de febrero, un grupo de muchachos de Medellín fundan Los Panidas, el primer movimiento literario y artístico modernista de Colombia.
    • 9 de mayo: Es arrestado por la policía Quintín Lame acusado de querer construir una república indígena.
  • 1919: El 5 de diciembre los alemanes Werner Kaemerer, Stuart Hosie, Alberto Tietjen y los colombianos Ernesto Cortissoz (el primer presidente de la aerolínea), Rafael Palacio, Cristóbal Restrepo, Jacobo Correa y Arístides Noguera, fundaron en Barranquilla la Sociedad Colombo Alemana de Transporte Aéreo – SCADTA, lo que dio inicio a la aviación en Colombia.
  • 1926: Entre el 21 de noviembre y el 4 de diciembre se celebra en Bogotá el III Congreso Nacional Obrero en el cual la dirigente política María de los Angeles Cano Márquez es proclamada la Flor del Trabajo.
  • 1928:
    • 5 de diciembre: Una huelga de diez mil trabajadores de la United Fruit Company, termina sangrientamente cuando el ejército dispara contra una manifestación pacífica en la estación del tren de Ciénaga en el departamento del Magdalena con la muerte de por lo menos mil obreros.
    • 24 de marzo: Colombia y Nicaragua firman el Tratado Esguerra-Bárcenas en el cual el primero reconoce la soberanía del segundo sobre la Costa de Mosquitos y Nicaragua reconoce la soberanía de Colombia sobre las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina.
  • 1929: El 5 de septiembre nace en Barranquilla la radio en Colombia.

masacre de las bananeras

Masacre de las Bananeras

HUELGA DE LAS BANANERAS
Workerbananamassacred.png
Líderes de la huelga de los trabajadores en las plantaciones bananeras. De izquierda a derecha: Pedro nel ospina,Bernardino GuerreroRaúl Eduardo MahechaNicanor Serrano y Erasmo Coronel
Fecha5 de diciembre de 1928; hace 86 años
LugarPlantilla:Geodatos Uraba(Antioquia)Bandera de Cundinamarca MagdalenaFlag of Colombia.svg Colombia
Casus belliHuelga de los trabajadores de la United Fruit Company
Resultado1 800 trabajadores asesinados y 100 heridos.1
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La Masacre de las Bananeras o Matanza de las Bananeras fue un exterminio de los trabajadores sindicalizados de laUnited Fruit Company que se produjo entre el 5 y el 6 de diciembre de 1928 en el municipio de Ciénaga, cerca de Santa Marta, en el departamento del Magdalena, Colombia. Un número desconocido de trabajadores murió después de que el gobierno de Miguel Abadía Méndez decidió enviar al ejército colombiano a poner fin a una huelga de un mes organizada por el sindicato de los trabajadores que buscaban garantizar mejores condiciones de trabajo. El gobierno de los Estados Unidos de América había amenazado con invadir Colombia a través de su Cuerpo de Marines, si el gobierno colombiano no actuaba para proteger los intereses de la United Fruit.
El 12 de noviembre de 1928 estalló una gran huelga en la zona bananera de Santa Marta, una huelga masiva jamás vista en Colombia. Más de 25 000 trabajadores de las plantaciones se negaron a cortar los bananos producidos por la United Fruit Company y por productores nacionales bajo contrato con la compañía. A pesar de tal presión, la United Fruit Company y sus trabajadores no lograron un acuerdo colectivo, la huelga terminó con un baño de sangre: en la noche del 5 de diciembre, soldados colombianos dispararon sobre una reunión pacífica de millares de huelguistas, matando e hiriendo a muchos. Esa terrible noche ha sido grabada en la conciencia de los colombianos por los novelistas Gabriel García Márquez, en su obraCien años de soledad, quien nació en la zona bananera el mismo año de la huelga, y Álvaro Cepeda Samudio, en su novelaLa casa grande, y por el dramaturgo Carlos José Reyes, quien cuenta la historia a través de los ojos de un soldado recluta.

Antecedentes[editar]

El banano se originó en Asia y fue introducido a los trópicos americanos solamente después de 1492. La geografía de Santa Marta la hizo muy apta para la producción bananera. A mediados del siglo XIX, sin embargo, el potencial de Santa Marta no había sido aprovechado. Casi nadie en los Estados Unidos de América o en Europa había visto y mucho menos probado bananos, y se consideraban una fruta exótica. Y Santa Marta era una población soñolienta, aislada del resto de Colombia y del mundo. Unas pocas familias con intereses mercantiles vivían en la población. Poseían también propiedades rurales, pero la abolición de la esclavitud en 1851 había empobrecido las haciendas y muchas habían sido abandonadas. Intercaladas con las grandes propiedades existían enormes extensiones de tierras baldías que nadie reclamaba. Unos pocos indígenas pescaban y cultivaban cosechas de subsistencia y unos pocos pueblitos dispersos de colonos indígenas, negros y mulatos producían cosechas para alimentarse.
El estímulo inicial para la exportación de banano vino de las prominentes familias de Santa Marta. Con el desarrollo de la agricultura de exportación en otros lugares del país, trataron de romper su aislamiento. La llegada de una compañía francesa les ayudó.
A finales del siglo XIX y comienzos del XX, varias compañías extranjeras intervinieron en agricultura y en producción ganadera en la Costa Atlántica colombiana, especialmente en las regiones del río SinúMompox y Santa Marta. Una de las primeras fue la Compaigne Imobiliere et Agricole de Colombie que en la década de 1870 compró 20 000 hectáreas cerca de Santa Marta. Las élites locales aprovecharon la renovación de la actividad económica estimulada por la compañía: comenzaron a sembrar tabacocacao ycaña de azúcar, que aquélla exportaba. Al mismo tiempo hicieron esfuerzos para desarrollar una infraestructura que conectara Santa Marta con los mercados.
En 1881 un grupo de notables samarios obtuvo autorización para construir un ferrocarril de Santa Marta al río Magdalena, y en 1887 iniciar un plan para mejorar el puerto. Por el mismo tiempo se fundó la primera Sociedad de Agricultores y sus miembros comenzaron a experimentar con un nuevo producto, el banano Gros Michel, una variedad desconocida hasta alrededor de 1885, cuando José Manuel González importó las semillas de Panamá. Don José Manuel y un grupo de empresarios samarios establecieron la primera plantación de banano de Colombia, en Ciénaga. Los experimentos mostraban un potencial interesante: en 1889 Santa Marta exportó 5 000 racimos, y tres años más tarde esta cifra subió a 45 000.
Aunque la iniciativa fue colombiana, los empresarios locales no podían desarrollar plenamente la industria bananera. La producción en gran escala para mercados internacionales requería enormes cantidades de capital, por fuera de la capacidad de cualquier individuo o compañía en Colombia a finales del siglo XIX. Debían construirse ferrocarriles para llevar los bananos al puerto, debían mejorarse los equipamientos de éste, los barcos debían llegar a tiempo, y era necesaria una red bien coordinada de distribución en el país importador. Además, en la región árida de Santa Marta, los canales de riego eran una necesidad. Aparte de los altos requisitos de capital, el negocio del banano era arriesgado: cualquier plantación podía borrarse fácilmente por agotamiento del suelo, enfermedad del banano o huracanes. Estos factores favorecieron el desarrollo del banano por parte de una gran compañía con base en el afluente industrial de Estados Unidos y con amplias inversiones en muchas regiones.
El hombre que dirigía la United Fruit Company apareció primero en Colombia en 1890. Minor Cooper Keith había salido de los Estados Unidos de Norte América para América Latina en la década de 1870, contratado por el gobierno de Costa Rica para la construcción de un ferrocarril.
Una vez terminado éste, Keith comenzó a producir banano como carga para que la línea ferroviaria fuera rentable. Pocos años más tarde extendió sus operaciones bananeras a Santa Marta en Colombia y a Bocas del Toro en Panamá. En 1892 adquirió 6 100 hectáreas de terreno en Riofrío, con las cuales fundó la Colombia Land Company; al mismo tiempo compró la concesión del nuevo ferrocarril que se convirtió en la Compañía del Ferrocarril de Santa Marta (Santa Marta Railroad Company). En 1899 se unió con otros dos estadounidenses para crear la United Fruit Company (Compañía Frutera Unida), una empresa cuya sede comercial estaba situada en BostonMassachusetts, Estados Unidos de América. Al tiempo de su creación, la compañía controlaba el ochenta por ciento de la industria bananera internacional. En el año de 1900, las exportaciones deJamaicaCubaRepública Dominicana, Costa Rica, Panamá y Colombia sumaban doce millones de racimos.
Durante las primeras tres décadas del siglo XX, la industria del banano se expandió rápidamente. La United Fruit Company no sólo desarrolló sus operaciones en los países mencionados, sino también en Guatemala y Honduras. Para 1930 poseía 1 383 485 hectáreas de terreno, de las cuales 76 612 estaban dedicadas al banano; habían construido 2 434 kilómetros de ferrocarril, y poseía noventa barcos de vapor, conocidos como la «Gran Flota Blanca», que transportaban bananos a Norteamérica y Europa. Para coordinar su vasto imperio, la compañía había construido 5 363 kilómetros de cables telegráficos y veinticuatro estaciones de radio, se había convertido en la más grande fuente de empleo en el Caribe, con una fuerza laboral de 150 000 personas. Las exportaciones de banano llegaron a los 65 millones de racimos al año.
El desarrollo del enclave colombiano fue apenas una pequeña parte de esta rápida expansión. En Colombia, como en otras partes, las plantaciones bananeras siguieron al ferrocarril. En 1911 el ferrocarril llegó a Aracataca y en 1920, con ciento treinta kilómetros, a Fundación, donde terminó. Al lado del ferrocarril se crearon nuevas plantaciones de banano, llegando a tener once kilómetros a cada lado de la vía. Algunos ramales conectaron cada plantación con la línea principal, y de ahí al muelle en Santa Marta y al mar. En la década de 1920 la zona bananera cubría buena parte de los municipios de Santa Marta, Ciénaga, Aracataca, Fundación y Pivijay. Las exportaciones de banano desde Santa Marta crecieron de 275 000 racimos en 1900 hasta 6,5 millones en 1915, y de ahí a 10,3 millones en 1929. En este año, Colombia era el tercer abastecedor mundial de banano, y este producto constituía el siete por ciento de las exportaciones colombianas.
El capital que la United Fruit Company invirtió en la zona bananera y las conexiones de mercadeo que estableció, abrieron nuevas oportunidades para algunos colombianos. La zona fue inundada por trabajadores del puerto, del ferrocarril y del campo, por pequeños agricultores, comerciantes, tenderos y agricultores ansiosos de producir banano. En alguna forma, esta gente se benefició de la presencia de la United Fruit Company por la valorización del terreno, por el crecimiento de una economía monetaria, y por nuevas posibilidades de empleo y mercado. Al mismo tiempo el domino de la United Fruit Company en la economía regional y su control de la vida política local frustró las ambiciones de muchos grupos.
Para entender la transformación social que acompañó la rápida expansión de la producción bananera y las tensiones ligadas a ella, debemos describir cada uno de los principales grupos sociales y sus relaciones con la United Fruit Company. Solamente así podrá ser posible comenzar a entender las frustraciones de obreros, campesinos, comerciantes y algunos bananeros colombianos, que hicieron erupción en la gran huelga de 1928.

Los obreros[editar]

La United Fruit Company necesitaba obreros para construir los ferrocarriles y los canales de riego; para limpiar el terreno, sembrar el banano y recolectar la cosecha; y para cargar los barcos. En los primeros años la mano de obra era escasa. La decisión de la United Fruit Company de ofrecer salarios altos, hasta el doble de lo pagado por los hacendados del interior, reflejó su necesidad de atraer fuerza laboral.
Tales incentivos fueron exitosos: durante las primeras tres décadas del siglo veinte, miles de personas llegaron a Santa Marta. Algunos de los primeros fueron soldados liberales de la Guerra de los Mil Días, junto con sus generales, que se establecieron en la zona una vez terminada la guerra. Indígenas de La Guajira y de la Sierra Nevada de Santa Marta se sumaron a la fuerza obrera de las plantaciones. Más gente llegó del occidente, de los departamentos del Atlántico, y de Bolívar. Aunque la mayoría de los trabajadores eran de la Costa Atlántica Colombiana, una porción alta de mestizos del interior, en particular de los Santanderes. La United Fruit Company, se dice, mandó contratistas a reclutar este personal. Cultural y racialmente, los trabajadores de las bananeras constituían un grupo heterogéneo. Pero, en contraste con Centroamérica, donde la United Fruit Company importó grandes cantidades de negros del Caribe, más del 90 por ciento de la fuerza laboral de la zona era colombiana. El hecho que los trabajadores de las bananeras de Santa Marta hablaran un mismo idioma, tuvieran una misma religión y, a pesar de las diferencias regionales, se reconocieran como colombianos, mejoró su habilidad de organizarse contra la compañía en 1928.
Por medio de la inmigración, la población de trabajadores creció desde aproximadamente 5 000 en 1910 a más de 25 000 en 1925. La gran mayoría trabajaba por un salario monetario. De esta manera, el crecimiento de la economía bananera dio auge a un grupo que no había existido antes en la región: un proletariado rural sin tierra. Muchos de los propietarios rurales de Santa Marta no trabajaban permanentemente en una sola finca. Sólo algunos permanecían durante largos períodos de tiempo, y otros tendían a moverse de plantación en plantación, trabajando una semana para la United Fruit Company y la siguiente para uno u otro de los cultivadores colombianos. Tales movimientos reflejaban la demanda fluctuante de trabajo inherente a la economía bananera; la fruta no se cortaba todos los días, y los empacadores y estibadores se necesitaban solamente cuando los barcos estaban en puerto. Algunos trabajadores también tomaron parte en migraciones interregionales. No era extraño que algunos salieran hacia el occidente de la Costa Atlántica para cosechar algodón o caña de azúcar, o se engancharan por algún tiempo en los campos petroleros de Barrancabermeja, cientos de kilómetros al sur.
Para la United Fruit Company esto hacía difícil retener a sus trabajadores, particularmente en los primeros años de escasez laboral.
El sistema que la compañía desarrolló para conseguir sus objetivos se basaba en el trabajo a destajo. En lugar de pagar salarios por hora o por día, la United Fruit Companypagaba por trabajo cumplido. Por limpiar terreno y desherbar, se pagaba a los grupos de trabajo por unidad de terreno, por la cabuya (algo mayor que la hectárea). Los trabajadores generalmente laboraban de las seis a las once de la mañana y de la una a las seis de la tarde; eran supervisados por capataces de la United Fruit Company y por listeros. Durante los períodos intensos del corte del banano, grupos de obreros asumían trabajos especializados: los puyeros cortaban la fruta; los coleros cargaban los racimos al borde de los campos; y los carreros los apilaban sobre góndolas que las mulas llevaban hasta las estaciones. Allí los cargadores subían el banano a los vagones que lo llevaban directamente al puerto. Un tercer grupo de obreros cuidaba la irrigación, trabajando en turnos las veinticuatro horas. El sistema de trabajo a destajo funcionó bien para la compañía y parece que agradaba a los obreros. Aunque era inseguro, les daba la libertad de manejar su propio tiempo y sus procesos laborales. Lo que no les gustaba eran las prácticas de contratación de la compañía. En lugar de contratar directamente a sus trabajadores, utilizaba contratistas colombianos (ajusteros), que acordaban el trabajo a realizar y reclutaban los trabajadores para hacerlos. La United Fruit Company estipulaba:
«Todos los detalles del trabajo serán de cargo del contratista, ni el contratista ni sus empleados son empleados de la United Fruit Company».
Así se dio una situación extraña: la United Fruit Company producía millones de bananos cada año, pero sostenía que no tenía trabajadores.
El sistema de contratos le sirvió a la compañía: los problemas del reclutamiento y las relaciones laborales se dejaron en manos de unos pocos empresarios colombianos. Pero los trabajadores no estaban tan satisfechos. El sistema conducía a su explotación. Una comisión del gobierno reportó que a los contratistas a veces «les sisan o merman sus salarios». Más importante aún, la United Fruit Company utilizó los contratos para evadir la legislación laboral colombiana. Cuando después de 1915 el gobierno comenzó a promulgar leyes regulando las condiciones de trabajo, la United Fruit Company rehusó extender los beneficios a los trabajadores en las plantaciones porque, según ella, quienes trabajan en los campos bananeros no son empleados suyos. Uno de los objetivos principales de la huelga de 1928 fue que la United Fruit Company reconociera a sus obreros.
Tal como señalaba la United Fruit Company, los salarios de los obreros de las bananeras eran altos para el momento; desde alrededor de cincuenta centavos por día en 1908, subieron hasta ochenta centavos a un peso y veinte centavos diarios, y a veces hasta un peso y medio por día en los años de 1920.
Aunque la compañía puede haber pagado un buen jornal, la mayoría no encontraba trabajo para todos los días. Además, aunque se suponía que la compañía debía pagarle a sus obreros quincenalmente, a veces había demoras. Los obreros tendían a estar cortos de dinero y a solicitar avances que la compañía distribuía por medio de vales redimibles en almacenes de la compañía.
Se desarrolló un sistema por el cual la mayoría de los contratistas pagaba a sus obreros en parte en vales al iniciar un trabajo, y el resto en efectivo al final. Los trabajadores podían cambiar sus vales por efectivo con tenderos locales, pero éstos descontaban entre el diez y el treinta por ciento. Si un obrero dejaba su trabajo antes de completarlo, laUnited Fruit Company le retenía el cuarenta por ciento del salario que le debía. El sistema de avances y descuentos pretendía retener a los trabajadores en las plantaciones. Pero muchos obreros se endeudaban con la compañía, y el valor real de sus salarios disminuía. En 1928 los trabajadores demandarían que la compañía les pagara cada sietes días y en efectivo.
El ingreso de los trabajadores de las bananeras se reducía con un descuento del dos por ciento para servicios hospitalarios. Se necesitaba urgentemente servicio médico. Una comisión gubernamental reportó:
«El estado sanitario de la zona es de lo más deplorable que tiene el país… Además de la endemia propia de nuestras tierras calientes, el paludismo, se presenta en esa región, con caracteres de la más alta morbosidad, la anemia tropical, la tuberculosis, el parasitismo intestinal de toda especie, la gastroenteritis infantil, y las enfermedades venéreas… A los trabajadores se les llama “mozos” en la región, y en verdad que muy pocos llegan a la vejez».
La United Fruit Company se ufanaba de sus aportes a la investigación antimalaria y de su hospitalidad en Santa Marta. Lo que molestaba a los trabajadores eran las contradicciones y prácticas discriminatorias de la compañía. Los contratos decían que los obreros no eran empleados de la United Fruit Company y, sin embargo, la compañía les descontaba un dos por ciento de sus salarios para salud. A pesar de estos pagos, los trabajadores enfermos o que sufrían accidentes de trabajo muchas veces no podían llegar al hospital. Cuando lo hacían les recetaban quitina y sulfato de magnesio, sin importar cuál fuera el problema, y se les enviaba a casa.
«En cambio, cuando enfermaba algún empleado de confianza de la compañía, no sólo tenía médico a donde ir sino que los remedios los pedían por teléfono a Santa Marta».
En 1928 los trabajadores pedirían la construcción de hospitales en toda la zona y la compensación por accidentes de trabajo.
A los trabajadores también les preocupaba la vivienda. La compañía alojaba a la mayoría de los obreros de las bananeras en campamentos de sus plantaciones. Estos «ranchones» eran insalubres y atestados. Un viejo habitante los describía así:
«Eran tambos montados en bloques de cemento con vigas de madera. Una ancha plataforma servía de dormitorio: las camas eran esteras de hojas de guineo. Por cierto que se mantenían invadidas por los chinches, que casi nunca dejaban al obrero conciliar el sueño».
Hasta siete personas dormían en un solo cuarto de tres por tres metros, colgando sus hamacas unas encima de otras. Los campamentos no tenían ventilación, agua potable, duchas o retretes. La United Fruit Company sostenía que el albergue que suministraba no era inferior al de la vivienda rural en otras partes de Colombia. Esto era cierto, pero los obreros esperaban algo mejor. Su sentido de la injusticia aumentaba con el contraste entre sus propios ranchos y las viviendas cómodas con jardines y canchas de tenis de los administradores de la compañía. Al llegar a la huelga en 1928, los obreros pidieron a la compañía que les suministrara mejores viviendas, en las que al menos no peligrara la salud.

Los colonos[editar]

Aunque muchos emigrantes se convirtieron en proletarios rurales, otros no estaban tan ansiosos de trabajar por un salario. Escogieron, en cambio, convertirse en campesinos en las tierras baldías de la región. Reclamaron pequeñas áreas que por su distancia del tren, su falta de riego o sus tierras infértiles no habían sido incorporadas aún a las plantaciones de banano. Eran gente pobre pero independientes. El periodista Alberto Luna Cárdenas los describió en 1914:
«En algunos lugares… se levantaban ranchos, habitados por familias que vivían de la pesca y de la caza, y proveían de leña al ferrocarril […] Aquellas viviendas eran chozas miserables, construidas en palma de cuesco o babuzú, sobre suelos de tierra húmeda, dentro de una corraleja de guadua o de otras astillas de madera, donde convivían el marrano de cerda ordinaria, las gallinas y los niños de cabeza anormal, estómagos protuberantes y piernas delgadas, minados por la malaria, junto al perro macilento y de mirada triste… Algunas matas de plátano, yuca, maíz y caña de azúcar, y rara vez árboles de cacao, revelaban la exuberancia de aquella tierra de promisión…»
Mientras en los primeros años los colonos producían lo necesario para su subsistencia, con el desarrollo de la economía bananera comenzaron a vender excedentes en el mercado regional creado por el gran flujo de gente. Fuera de suministrar alimentos, llenaron otro papel económico vital para la economía de exportación: proporcionaron a las plantaciones trabajo de reserva barato. Las cuadrillas contratadas por la United Fruit Company frecuentemente incluían a miembros de familias campesinas así como de obreros sin tierra.
En esta forma, el nacimiento de la economía bananera, que dio auge al proletariado rural, también estimuló el crecimiento de un campesinado independiente y orientado hacia el mercado. En la superficie, la economía de exportación y la economía campesina se apoyaban mutuamente: los campesinos alimentaban a los obreros de las bananeras y ocasionalmente trabajaban en las plantaciones; al mismo tiempo, el crecimiento de la economía bananera le dio a los campesinos mayor espacio para la actividad comercial.
Sin embargo, había tensiones constantes entre la United Fruit Company y los campesinos. La principal era por el control de la tierra. El advenimiento de la United Fruit Companyestimuló un alza en los precios de la propiedad: para 1925 la tierra bananera se vendía entre 400 y 500 pesos la hectárea. Al mismo tiempo hubo un incremento dramático en las transacciones de finca raíz. Algunas de las viejas familias pudientes de Santa Marta desenterraron títulos coloniales de inmensas extensiones de terreno que vendían a laUnited Fruit Company. Otros empresarios locales solicitaron concesiones gubernamentales de tierras o simplemente fabricaron nuevos documentos de propiedad. Tal actividad especulativa rindió sus frutos en ventas provechosas a la United Fruit Company o a colombianos deseosos de formar sus propias plantaciones de «oro verde». Por medio de compra la United Fruit Company consolidó gradualmente 41 plantaciones de 60 000 hectáreas. Mientras tanto, los colombianos formaron más de 350 plantaciones de banano más pequeñas así como ganaderías.
De esta manera la economía bananera trajo una apropiación masiva de tierras baldías. Los límites de muchas propiedades no eran claros y muchos dueños continuaron agrandando ilegalmente sus tenencias corriendo sus linderos sobre tierras baldías. Por los años veinte la propiedad se había convertido en una maraña de reclamos conflictivos: el gobierno mantenía que todavía existían 90 000 hectáreas de tierras baldías en la zona, mientras la United Fruit Company y los agricultores colombianos insistían en que todo era ya propiedad privada. Lo que sí es cierto es que buena parte del territorio del que repentinamente se decía que era privado después de 1900, localmente se conocía como tierra baldía y estaba ya ocupada por campesinos.
En los años después de 1905, muchos campesinos encontraron que sus títulos eran demandados por la United Fruit Company. A medida que la construcción de líneas ferroviarias y canales de riego traía tierra nueva a la economía bananera, la United Fruit Company y los colonos entraron en confrontación directa. Un agente de la compañía informaba a un grupo de campesinos que el terreno colonizado era propiedad privada y que sino abandonaban inmediatamente sus campos serían desalojados. Algunos, ante la posibilidad de perderlo todo, vendían a precio reducido. Con aquellos que se negaban, la compañía utilizaba la fuerza: desalojaba a los campesinos, entraba ganado a sus cosechas, quemaba sus chozas y encarcelaba a sus voceros.
Muchos campesinos no aceptaron pasivamente la pérdida de sus tierras. Familias de agricultores amenazadas con la expropiación entre los años 1907 y 1930 dirigieron multitud de peticiones a las autoridades de Bogotá, describiendo sus situaciones y solicitando su protección. Colombia tenía leyes de colonización que protegían a los colonos de tierras baldías, a las cuales ellos apelaban (Ley 61 de 1874 y 48 de 1882). Aun cuando fueran desalojados, muchos colonos rehusaron reconocer la legalidad de tales acciones, y algunos trataron de defenderse en los tribunales.
Por lo general los campesinos no tuvieron éxito en su lucha por defender su tierra. El gobierno nacional tenía poca influencia sobre las autoridades locales, que condescendían con la United Fruit Company. Sin embargo, la resistencia de los colonos tuvo efectos a largo plazo. Convenció a mucha gente de que las reclamaciones de terreno de la United Fruit Company eran fraudulentas, que las plantaciones de banano eran en realidad tierras baldías usurpadas de forma violenta e ilegal. Además, el hecho que la compañía guardara más de la mitad de su propiedad como reserva, sin hacer ningún uso económico de ella, parecía a muchos una violación del principio elemental de justicia incorporado en la legislación colombiana desde la época colonial de que el derecho de propiedad depende de su utilización. El destino de aquellos colonos que perdieron sus tierras es oscuro. Es posible que algunos se hayan trasladado al interior para unirse a otros grupos de colonos en la apertura de nuevos terrenos. Muchos, sin los recursos para empezar de nuevo, se unieron al proletariado rural del banano.
Aun aquellos que lograron mantenerse en sus tierras no fueron invulnerables a la expansiva económica bananera. Los canales que construyó la United Fruit Company rodeaban algunas comunidades de campesinos, aislándolos de los mercados locales. Además, al cambiar los cauces de los ríos para riego, la compañía agravó los problemas de sequía en las tierras sin riego, y de inundaciones durante la época de lluvias. Varias colonizaciones fueron totalmente eliminadas por los canales de la compañía.
El proceso de cambio produjo una relación cercana entre los campesinos y los trabajadores asalariados. Ambos habían llegado recientemente a la zona. Algunos campesinos eran trabajadores asalariados que habían ahorrado lo suficiente para iniciar una ocupación mientras algunos asalariados eran campesinos desposeídos de sus tierras. Sin embargo, mucha gente rural de Santa Marta rehusaba identificarse como uno u otro. Más bien buscando incrementar su seguridad y su ingreso, adoptaron estrategias que, al pasar del tiempo, incluían ambos papeles. Los trabajadores de las bananeras muchas veces expresaron su deseo de establecerse en la zona convirtiéndose en cultivadores de tierras baldías. En un área de alimentación costosa e inflación opresora, ser colono representaba no solamente la seguridad de subsistencia, sino también una oportunidad de mejoramiento económico. Al mismo tiempo muchas familias de colonos enviaban a sus familiares a trabajar para la United Fruit Company, con el fin de reclamar los beneficios asignados a los trabajadores de la compañía: herramientas agrícolas, pasajes reducidos en el ferrocarril y acceso a los almacenes y hospitales de la compañía. Esta relación fluida y traslapada entre colonos y asalariados creó las bases para la comprensión y apoyo mutuos. Como se verá, en 1928 los colonos se unieron a los obreros de las plantaciones en la gran huelga contra la compañía.

Los comerciantes[editar]

Mientras el negocio bananero crecía, y con él la población, los pueblos más viejos de la región se transformaron: Santa Marta y Ciénaga se convirtieron en ciudades sofisticadas con hoteles de estilo europeo, luz eléctrica, bancos y muchas pequeñas fábricas manufactureras. En un informe oficial se hablaba de 3 fábricas de hielo, 3 de jabón, 1 de harina, 1 de licores, 1 de cerveza, 1 de cigarrillos y 2 de pastas. Al lado del ferrocarril aparecieron nuevas poblaciones: Riofrío, Orihueca, Guayacamal, Ciudad Perdida, El Retén, Aracataca.
Alberto Luna Cárdenas describió a Aracataca en 1914, dos años después de que pasara el ferrocarril por ella:
«Aracataca era todavía un poblado en formación, con muy pocas casas, construidas de tablas aserradas y techumbres de zinc; la generalidad eran ranchos de cañabrava o mapora parada, cubiertos de palma, todos ellos de apariencia provisional, como de emergencia, para alojar a una humanidad nómada, pobre pueblo de aluvión; con una iglesia destartalada que más parecía en ruinas que en construcción. La campana para llamar a los feligreses a oración consistía en una yarda de riel, cortada en los talleres del ferrocarril y colgada, junto con el badajo, del trono de un totumo viejo que se había muerto de sed».
En las poblaciones nuevas la primera edificación pública era la iglesia, pero los sacerdotes escaseaban y la autoridad religiosa era débil. Después de la iglesia venían la plaza de mercado, el matadero, la inspección de policía y el salón de cine. Cada caserío tenía avidez por un salón de cine; la población estaba embrujada por la magia del cine. La educación formal, sin embargo, era casi inexistente. Había pocos colegios en la zona; la United Fruit Company no los suministró sino después de 1930.
El transcurrir de la vida en los pueblos giraba alrededor de la economía bananera. El día de pago los pueblos revivían, mientras millares de trabajadores buscaban descanso del trabajo duro y del aislamiento de las plantaciones. Las poblaciones proporcionaban diversiones: baile, licor, juego y burdeles. En Aracataca, Alberto Luna Cárdenas encontró «estancos para abastecerse de ron blanco… y grandes ranchones para los bailes comunales de los sábados…, festivales con carnaval y tahúres y vendedores de específicos, yerbateros y traficantes de semillas y huesos milagrosos». Y un trabajador recordaba: «En el pueblo [nos] esperaban las cantinas y los juegos de boliche, lotería, bacarrat, lo mismo que prostíbulos de italianos, sirios, palestinos y criollos».
En los pueblos vivían los comerciantes de la zona que vendían ron blanco, alimentos, herramientas y ropa. Había cuatro o cinco tenderos en cada población y muchos más en Santa Marta y Ciénaga. Su prosperidad dependía de las ventas hechas a los trabajadores de las bananeras. Encontrando competencia directa de la United Fruit Company, se volvieron en su contra, y algunos se convirtieron en fuertes partidarios de la gran huelga de 1928.
Los tenderos y comerciantes de la zona resentían de los almacenes de la United Fruit Company. Surtidos de mercancías importadas que traían los barcos bananeros en sus viajes de regreso, abastecían a los trabajadores a cambio de los vales emitidos por la compañía. Ésta también poseía varias haciendas de ganado que aprovisionaban a los comisariatos con carne fresca. En la década de 1920, los almacenes de la United Fruit Company vendían hasta un veinte por ciento más barato que los tenderos locales. Manteniendo los precios bajos, la compañía esperaba mantener bajos los salarios en un período de inflación general.
Los comerciantes recelaban los precios bajos de la United Fruit Company y el pago a sus trabajadores con vales que podían ser utilizados únicamente en sus almacenes. Los comerciantes que criticaban más fuertemente a la United Fruit Company eran los de Ciénaga, que ya había sido centro de comercio antes del auge bananero, y los comerciantes de importación y exportación de Barranquilla, que abastecían los almacenes de Ciénaga. El comercio de Barranquilla se exasperó más cuando los barcos de la «Gran Flota Blanca» comenzaron a parar allí para negociar la carga que traían de ultra mar.
Los comerciantes no vacilaron en explotar a los obreros de las bananeras: les cobraban precios altos y tomaban descuentos usureros sobre sus vales, mientras las casas de juego contrataban matones para robarles sus ganancias a los trabajadores con suerte. Aun así, la prosperidad de los comerciantes dependía de la de los trabajadores y ambos grupos tenían motivos de queja contra la compañía y de acabar con el sistema de vales entraría en el pliego de peticiones de los trabajadores. En compensación, los comerciantes de la zona apoyaron de todo corazón la huelga.

Los cultivadores nacionales[editar]

Un cuarto grupo económico importante era el de los cultivadores colombianos de banano. A lo largo del principio del siglo XX, los cultivadores colombianos produjeron más de la mitad de la fruta exportada por la United Fruit Company desde Santa Marta. Durante la década de 1920 poseían 35 000 hectáreas de campos bananeros, contribuyendo con el 57% de las exportaciones. La mayoría de los cultivadores tenía raíces en la región, aunque el auge había atraído inversionistas de todo el país.
Los cultivadores se beneficiaron de las conexiones que la United Fruit Company estableció con los mercados internacionales, pero se irritaban con su posición de monopolio. Los colombianos dependían de la compañía para crédito, riego y mercadeo de su producto. El monopolio de la compañía sobre estos factores le permitía manipular los precios del banano, e imponer condiciones que los cultivadores nativos sabían hostiles a sus intereses.
Para obtener préstamos y vender sus bananos, los cultivadores tenían que firmar contratos de cinco años con la compañía. Los términos de tales contratos eran señalados unilateralmente por la United Fruit Company, cuyo interés era excluir a compañías bananeras competidoras, ajustar el suministro local a la demanda internacional y asegurar su propia posición contra cambios en el medio económico. Por lo tanto, los contratos estipulaban que por un precio fijo (sesenta centavos por racimo desde 1913 hasta 1930), el cultivador se comprometía a vender todo su banano a la compañía. El productor tenía que cortar y entregar la fruta al ferrocarril en los días asignados por la compañía y absorber cualquier incremento en el costo que resultara de nuevos impuestos. Al mismo tiempo, la compañía se eximía de cualquier responsabilidad de comprar banano en caso de guerra, huelga o desastre natural que pudieran interferir con el mercado.
Los cultivadores sabían que en un mercado competitivo lograrían mayores precios; también se sentían agraviados por tener que asumir todos los riesgos. Pero lo que más le enfurecía era la negativa de la compañía a recibirles siquiera una tercera parte de su cosecha bananera. A los cultivadores se les obligaba a cortar varias veces a la semana, y por contrato la fruta pertenecía a la compañía desde que se bajaba de la mata; sin embargo, la compañía se reservaba el derecho de rechazar sin pago cualquier banano que no fuera de «calidad de exportación». En realidad, la compañía utilizaba esta condición en forma arbitraria para regular el suministro y para recompensar o castigar a los cultivadores locales. Con el rechazo, que ya había generado gastos al cortar, los cultivadores podían hacer muy poco: venderlo a un precio muy bajo por la Costa Atlántica, en un mercado interno pequeño —alrededor de Santa Marta las clases populares se negaban a comer bananos, a los cuales llamaban peyorativamente «cayeyes», un término también utilizado para insultarse—. La alternativa era dar el banano sobrante a los cerdos o dejarlo al lado del ferrocarril para que se pudriera a la vista de todo el mundo.
Como resultado de estos problemas, la mayor ambición de los cultivadores era independizarse más de la United Fruit Company. Buscaron esto estimulando a otras compañías bananeras para establecer servicio de barcos de vapor a Santa Marta. En 1912 los cultivadores trataron de abrir canales alternos de mercadeo por medio de un competidor estadounidense de la United Fruit Company, y lo mismo hicieron en 1918 y 1922.
Las luchas de los cultivadores por librarse del monopolio de la United Fruit Company fracasaron. Las razones eran de dos clases: la oposición decidida de la compañía a cualquier intromisión en sus dominios, y las divisiones entre los cultivadores mismos. La United Fruit Company utilizó una variedad de tácticas para mantener por fuera a sus rivales. Ejerció presión sobre los cultivadores que trataban de vender banano en otra parte, cerrándoles el agua de riego y los préstamos. Al mismo tiempo asumió acciones legales contra compañías rivales por la violación de contratos legales de adquisición. Mientras se decidían los casos, la United Fruit Company embargaba la fruta en disputa; esto generalmente quebraba a la compañía rival, pues el banano se pudre casi inmediatamente.
Para que los cultivadores no la abandonaran en masa, la United Fruit Company hizo que sus contratos se renovaran en épocas distintas. Tales precauciones probablemente no eran necesarias, pues los cultivadores estaban divididos entre sí casi tan vehementemente como estaban en contra de la compañía. Peleaban sobre el agua, los límites y el acceso al patrocinio de la compañía. Aparte de los antagonismos personales, estaban divididos por diferencias de clase, regionalismo y política. Los más ricos y poderosos descendían de las viejas familias aristocráticas de Santa Marta, mezclados con unos pocos comerciantes de Barranquilla. Éstas incluían las familias Dávila, Goenaga, Campo Serrano, Díaz Granados, Salcedo Ramón, Riasco, Bermúdez, Foliaco, Noguera, Fergusson y Vengoechea. Eran principalmente de extracción española, políticamente conservadores, dueños de grandes plantaciones de banano, haciendas ganaderas y unas pocas fincas cafeteras en la Sierra Nevada de Santa Marta.
Muchos de estos terratenientes desarrollaron una relación casi simbiótica y mutuamente provechosa con la United Fruit Company. Vendieron tierras a la compañía, en retribución recibieron los préstamos más jugosos y los contratos más ventajosos, y sus parientes recibían trabajos con sueldos altos en la compañía. Además de sus actividades económicas, estas familias ocupaban importantes puestos políticos en el departamento del Magdalena; eran gobernadores, secretarios departamentales y jueces. Trataban bien a la compañía y, a cambio de favores políticos ésta les daba un trato preferencial.
Si los cultivadores de Santa Marta eran más poderosos y visibles, eran una minoría. En Ciénaga y Aracataca vivían cientos de pequeños cultivadores, muchos de los cuales sembraban menos de cincuenta hectáreas de banano. Casi siempre mulatos y mestizos, y liberales en política, se enojaban con la dominación política de Santa Marta y con lo que parecía una alianza entre los ricos conservadores y la United Fruit Company. Estos liberales, pequeños cultivadores de banano, eran particularmente constantes en su oposición a la compañía. Sus líderes eran dos grandes comerciantes cienagueros, cultivadores de banano: Juan Bautista Calderón y Julio Charris.
La relación entre los cultivadores de banano y los trabajadores de la zona era ambivalente. Tal como la United Fruit Company, ellos robaron las tierras a los campesinos y aprovecharon el trabajo duro de los obreros, utilizando a los mismos contratistas que la compañía. La mayoría de los observadores estaban de acuerdo en que los salarios y las condiciones de vida eran peores en las plantaciones de colombianos que en las de la United Fruit Company. Al mismo tiempo, tanto los cultivadores como los trabajadores sentían que eran explotados por la United Fruit Company: de aquí surgió una especie de mutua identificación. La lógica económica de la United Fruit Company —limitar el abastecimiento para mantener alto el precio mundial del banano— resultó un desperdicio de recursos nacionales.
Miles de hectáreas de tierra inutilizada, miles de racimos de banano pudriéndose al lado de los rieles ferroviarios reforzaban entre los colombianos de la zona un sentimiento de injusticia. Factor adicional que unía a los trabajadores y a algunos de los cultivadores era su identificación como miembros del partido liberal. Esto era particularmente cierto en Ciénaga y en Aracataca, donde la mayoría de comerciantes y cultivadores vivían en las cabeceras municipales y mantenían contacto cotidiano con los campesinos y con los trabajadores.